jueves, 6 de febrero de 2014

CUIDAR A UN ENFERMO ¿PESA?


Salud y enfermedad

La salud es el bien más preciado de la humanidad y la principal riqueza que posee una persona; tener salud significa sentirse bien y poder realizar la totalidad de nuestras actividades cotidianas. No obstante, parece ser que esta premisa no la asimilamos adecuadamente hasta que no empezamos a perder la salud o a malgastarla, ya sea por las exigencias del quehacer cotidiano o estrés, ritmo acelerado o inadecuado de vida, exceso de trabajo, alimentación deficiente o malnutrición, adicciones o pobreza, entre muchas otras causas.
En la actualidad, el avance científico y la mejora en algunas condiciones de vida han influido en los patrones de morbilidad de la población mexicana, lo que ha cambiado su perfil de enfermedades, que están pasando de ser infecto-contagiosas a crónico-degenerativas; esto quiere decir que en nuestro país, en este siglo XXI, cada vez más personas padecen enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades renales, cáncer, asma y todos esos padecimientos considerados como privativos de los países desarrollados; al mismo tiempo, persisten las enfermedades de la pobreza, como las infecciones gastrointestinales, la salmonelosis, las diarreas o las enfermedades respiratorias comunes, entre las cuales se hallan la gripe o el resfriado, o las más complicadas, como el enfisema o el cáncer pulmonar.
En general, puede decirse que las personas que padecen estas enfermedades crónico-degenerativas no sólo ven disminuida su esperanza de vida, sino también la calidad de ésta.
En este pequeño ensayo no queremos referirnos a la calidad de vida del enfermo, asunto que es abordado en las revistas especializadas por profesionales de los diversos padecimientos que se han citado; por el contrario, queremos tratar los problemas de la persona encargada de proporcionar la atención y cuidados al enfermo. ¿Qué ocurre con el cuidador? ¿Cómo vive el padecimiento del enfermo? ¿Cuáles son sus sentimientos respecto de la tarea que realiza? ¿Se ve afectada su calidad de vida por el cuidado que proporciona al enfermo?


El cuidador


Llamamos aquí “cuidador” a la persona que se hace cargo de proveer atención y asistencia a un enfermo. Dentro de los cuidadores se pueden distinguir dos categorías: los cuidadores primarios y los secundarios. El cuidador primario es aquel que guarda una relación directa con el paciente o enfermo, como el cónyuge, los hijos, los hermanos o los padres. El cuidador secundario es aquel que no tiene una relación directa o un vínculo cercano con el enfermo; puede tratarse de una enfermera, un asistente, un trabajador social, un familiar lejano o cualquier persona que labore en una institución prestadora de servicios de salud.
En diversos estudios sobre los cuidadores y sus condiciones se ha señalado que casi todos ellos son generalmente familiares directos, esto es, cuidadores primarios, y muy pocos cuidadores secundarios.
En algunos otros trabajos hechos sobre los cuidadores de pacientes con demencia o con esquizofrenia se ha revelado que aquéllos son en su mayoría mujeres (casi siempre esposas o hijas del paciente), con una edad promedio de 57 años y amas de casa. También existen un grupo importante de cuidadores mayores de 65 años (una cuarta parte), generalmente cónyuges del enfermo, y aquí habría que considerar que, debido a su edad avanzada, regularmente manifiestan limitaciones y dificultades físicas que deben ser consideradas para prevenir que tales cuidadores sufran problemas adicionales de salud. De igual manera, una gran mayoría de los cuidadores (80%) presta sus servicios un número variable de horas durante los siete días de la semana.
En el estudio de las condiciones de vida del cuidador, y particularmente de los sentimientos de carga del cuidador, debe observarse con detenimiento la tarea que realizan. La tarea de cuidar a un enfermo comprende a menudo la aparición de una amplia variedad de problemas de orden físico, psíquico y socio-familiar, los que componen un auténtico síndrome que es necesario conocer y diagnosticar tempranamente para prevenir su agravamiento. De igual manera, hay otros factores que pueden influir en la salud del cuidador y que pueden afectarlo; entre otros, habrán de considerarse su edad, género, parentesco, tiempo de dedicación y otras cargas familiares, elementos que han demostrado influir en la aparición del síndrome.



La calidad de vida del cuidador

El concepto “calidad de vida” es mucho más amplio que el de salud, y aunque es difícil llegar a un consenso sobre su conceptualización, la Organización Mundial de la Salud la define como “La percepción que un individuo tiene de su situación en la vida, dentro del contexto cultural y de valores en que vive, todo ello en relación con sus objetivos, expectativas, valores e intereses”. Como puede apreciar el lector, la calidad de vida conlleva aspectos subjetivos y objetivos sobre nuestra manera de vivir el momento.
De acuerdo con los investigadores de este tema, el concepto de calidad de vida ha variado a lo largo de la historia de la humanidad; no obstante, la mayor parte de las veces ha sido entendida como el cuidado de la salud personal, la preocupación por la salud e higiene pública, los derechos humanos laborales y ciudadanos, la capacidad de acceso a los bienes económicos y la preocupación de acceso a dichos bienes. Recientemente, se han incorporado a este término algunos elementos subjetivos o psicológicos de la persona, por lo que se le concibe como el interés o experiencia del individuo sobre su vida social, su actividad cotidiana y su propia salud.
En este sentido, la calidad de vida del cuidador dependerá, entre otras cosas, de su propia salud, de la ayuda que reciba de su familia (apoyo emocional y reconocimiento de sus familiares), de la capacidad de las instituciones para ajustarse a sus necesidades, de la información que tiene sobre la enfermedad de la persona a quien cuida, de la propia tarea de cuidar, de la manera en que enfrenta sus responsabilidades en el cuidado y atención al paciente, de su estilo personal para resolver los problemas que se le presentan durante el desempeño de su tarea, y, desde luego, de su capacidad para sobreponerse a los momentos y acontecimientos difíciles y complicados que ocurran durante la atención al enfermo, entendiéndose por esto las crisis, recaídas y hasta la muerte del paciente.


Los sentimientos de carga.

Por “sentimientos de carga” pueden entenderse las reacciones o respuestas del cuidador ante la tarea o responsabilidad que asume al atender a un paciente. La carga es un concepto central en el estudio de las consecuencias que sufre o padece la persona del cuidador cuando realiza la tarea de atender a enfermos con padecimientos terminales o crónico-degenerativos. Desde su aparición, el término “carga”, sinónimo de “obligación” o “deber”, ha sido profusamente empleado en la investigación gerontológica o en la investigación sobre el proceso de cuidar y sus efectos sobre la persona del cuidador. Así, el sentimiento de carga del cuidador es un factor trascendental en la utilización de servicios de salud y en la calidad de vida de los cuidadores.
Por un lado, estarían los elementos subjetivos que comprenden las actitudes y reacciones emocionales ante la experiencia de cuidar, esto es, la percepción que tiene el cuidador de la tarea que desempeña, y por otro lado están las circunstancias objetivas que vive, las que pueden ser definidas como el grado de perturbación o de cambio en diversos aspectos del ámbito doméstico y de la vida.
Diversos estudios llevados a cabo con cuidadores de pacientes esquizofrénicos o con demencia indican que esos sentimientos de carga pueden ser objetivos o subjetivos; se entienden como sentimientos de carga objetivos cuando ocurre un cambio eventualmente demostrable y observable, y subjetivos cuando hay la impresión de sufrir un deber agotador y angustiante.
Además de la diferencia que se establece entre los sentimientos de carga objetivos y subjetivos, la mayoría de los estudiosos del tema han considerado que bajo el término de “sentimientos de carga objetivos” hay diversos aspectos tocantes a los mismos: costos económicos del cuidado, carga física asociada a éste, limitación del tiempo del que dispone el cuidador, impacto sobre las relaciones interpersonales y demás, en tanto que como “sentimientos de carga subjetivos” podrían considerarse la frustración, el estrés, la angustia, la depresión, la ansiedad y hasta la culpa; las más de las veces, dichas reacciones emocionales se manifiestan en el cuidador en forma de alergias, perturbaciones de conducta, insomnio, falta de sueño, afecciones de la piel, dolores de espalda y alteraciones gastrointestinales, síntomas a los cuales algunos investigadores han denominado “síndrome del cuidador”.
La magnitud de los sentimientos de carga está en correspondencia con las características del paciente, el tipo de enfermedad o padecimiento del enfermo, los vínculos afectivos entre el paciente y el cuidador, las características personales de este último, la dinámica familiar y la disponibilidad de redes sociales, leyes, políticas del empleo y servicios de salud.
Otros trabajos sobre el tema de los sentimientos de carga del cuidador reportan que la totalidad de las personas manifiesta no disponer de dinero suficiente para cuidar al paciente, y que esta condición y el grado de parentesco entre el cuidador y el paciente, así como el número de ingresos del paciente a los servicios de salud en los últimos tres años, son los factores que mejor caracterizan a los familiares con sentimientos de carga intensa. Con base en estos resultados, se hace necesario destacar el hecho de que la carencia de recursos económicos por parte de los cuidadores genera una mayor sobrecarga, especialmente cuando son las madres de los pacientes quienes realizan la tarea de cuidarlos.

¿Quién cuida al cuidador?


Regularmente, quien asume la tarea de cuidador es alguien que siente un compromiso moral o emocional con el enfermo; a menudo puede estar actuando bajo la premisa de que hay que ser caritativo con el prójimo, o de que la solidaridad se expresa cuando se está en la cama o en la cárcel, como dice el saber popular; no obstante si el desgaste del cuidador ocurre como resultado de la atención que presta al enfermo sin atender su propia salud, retirándose de toda actividad recreativa o de descanso, alejándose de los amigos y asumiendo como propias las limitaciones del paciente, muy pronto habrá no uno sino dos enfermos en esa familia.
Es por ello que el cuidador requiere de apoyo social, el cual debe ser proporcionado por la familia o las instituciones de salud, entre otros. De igual manera, el cuidador requiere planificar su asistencia y cuidados al enfermo dejando un tiempo para sí mismo, estableciendo límites en el desempeño de su tarea, delegando funciones en otros miembros de la familia o en amigos, dejando de lado su papel de persona indispensable o de que nadie más podrá hacer las cosas mejor que ella, y sobre todo recordando que eso no quiere decir que ame menos al enfermo.
Por otra parte, debe el cuidador darse un tiempo para el descanso y la relajación para recuperar sus energías, alimentarse adecuadamente tanto en términos físicos como espirituales, esto es, buscar las ocasiones para el esparcimiento y la diversión; la risa y el entretenimiento mejoran los estados de ánimo y son buenos remedios contra la depresión y la ansiedad.

Finalmente, es importante que el cuidador trate de obtener una información precisa y actualizada sobre el padecimiento del paciente, así como de los alcances de su intervención en el cuidado del enfermo; involucrar a otros miembros de la familia o amigos en la atención al mismo; recordar que sólo es una persona más en el grupo de individuos que rodean al paciente, y ver que si todos ellos actúan de manera conjunta podrán lograr mejores resultados.


Irma Aída Torres Fermán, Francisco Javier Beltrán
Guzmán, Gerardo Martínez Perales, Atenógenes H.
Saldívar González, Jorge Quesada Castillo y
Leoncio D. Cruz Torres
Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Veracruzana
Volumen XIX
Número 2





miércoles, 5 de febrero de 2014

Cuando hay mucho que hacer

Cuando una persona se enfrenta a una enfermedad que no tiene tratamiento curativo debe hacer una ruptura con todo lo anteriormente conocido y con la aparente seguridad de controlar lo que ocurre en su vida. Se debe enfrentar a una enfermedad, a unos síntomas, a una nueva situación laboral, social, familiar, espiritual, de deterioro, de incapacidad y de dependencia, planteamientos del sentido de la vida si no ha podido o querido hacérselos antes, de la enfermedad y de la muerte. Aparecen todo tipo de miedos, miedo al dolor, miedo a nuevos síntomas, a perder el control, a la noche, a la comida, al espejo, a la soledad, a morir sufriendo, a no despertar, al más allá, a lo desconocido, por su familia cuando él/ella falte…
Para la familia supone también cambios estructurales, económicos, psicológicos, sociales. El familiar debe convertirse en cuidador con el frecuente abandono de su trabajo habitual, de sus horas libres, de su vida de relación con la responsabilidad en algunos casos no compartida surgiendo en ocasiones un cansancio progresivo, angustia y toda clase de miedos también, miedo a no hacerlo bien, al contagio, a la enfermedad, a la pérdida del ser querido.
Los Cuidados Paliativos intentan ayudar al paciente y a su familia a minimizar al máximo todos estas situaciones y conseguir el máximo bienestar y confort a todos los niveles.
Los programas de cuidados paliativos están destinados a mantener o mejorar las condiciones de vida de los pacientes cuya enfermedad no responde a un tratamiento curativo. Se intenta controlar no solo el dolor y otros síntomas sino también el sufrimiento para conseguir que viva con plenitud sus últimos meses o días de vida.
Un minuto puede estar más lleno de vida que una larga vida completamente vacía.
Los objetivos se basan en 4 principios fundamentales: COMUNICACIÓN, CONTROL SINTOMÁTICO, APOYO FAMILIAR Y SOBRETODO RESPETO a los criterios del paciente.
Se tratará de alcanzar que el paciente esté con el menor número de molestias, en un ambiente relajado, animando y apoyando que, tanto paciente como familia y equipo asistencial puedan hablar de la enfermedad, del pronóstico y de facilitar finalizar cuestiones no conclusas.
El tratamiento debe ser permanente e intensivo, programado y a demanda del paciente ya sea en domicilio o en las unidades hospitalarias.
Será proporcionado por un equipo multi e interdisciplinar bien coordinado con objetivos elaborados de manera individualizada ya que todos los pacientes no tienen ni los mismos síntomas, ni la misma cultura, ni la misma biografía, ni iguales creencias o planteamientos de la vida y en ningún caso imponiendo nuestros criterios.
En estas situaciones ¿Aún pensamos que no hay nada que hacer?
Fuentes:
Asociación Española Contra el Cáncer. Cuidados de enfermería en el paciente oncológico.
Enfermería en cuidados paliativos. E. López Imedio. ed panamericana.

jueves, 30 de enero de 2014

Los cambios en el sueño por la edad afectan a la memoria

Sabemos que cuando nos pasamos una noche sin dormir nos cuesta más centrarnos en las tareas difíciles y tenemos la sensación de que acordarnos de las cosas es más complicado. Los expertos en el estudio del sueño han descrito sus distintas fases, y han descrito que el sueño de ondas lentas es relevante para los procesos de consolidación de la memoria episódica. La consolidación es el fenómeno que permite que los recuerdos se fijen en la memoria a largo plazo. Es un proceso importante implicado en el aprendizaje de nueva información. La memoria episódica es el tipo de memoria que se refiere a cosas como con quién comimos el fin de semana o donde aparcamos el coche la tarde anterior.

Con la edad el sueño de ondas lentas es más corto y también una peor memoria episódica. Una investigación reciente realizada por la Université Lumière Lyon 2 y publicada en el Journal of Sleep Research ha analizado si la memoria sigue beneficiándose del sueño en las personas mayores. Los autores pidieron a dos grupos de personas, jóvenes y mayores, que realizaran una tarea de localización de objetos en el espacio, y calcularon sus tasas de olvido de información tras doce horas despiertos o doce horas de sueño. Realizaron además estudios de polisomnografía para analizar la estructura del sueño de los participantes.

Los resultados del experimento mostraron que, en las personas de más edad, el proceso de consolidación de memoria no mejoraba con el sueño de la misma forma que lo hacía en el grupo de los jóvenes, manteniéndose una tasa de olvido importante incluso después del sueño. Por otra parte, la calidad y estructura del sueño también fueron significativamente peores en los mayores, aunque no específicamente en el sueño de ondas lentas.

Los autores concluyen que los cambios en el sueño asociados a la edad podrían tener un efecto negativo en la memoria de los mayores. No obstante, siempre pueden seguirse ciertas pautas de higiene de sueño que favorezcan un mayor descanso y también pueden realizarse ejercicios mentales que mantengan a buen ritmo las funciones cognitivas como la memoria.


Referencia:
Fernández, M. (2013). Los cambios en el sueño por la edad afectan a la memoria. Muy Interesante.

miércoles, 29 de enero de 2014

Problemas dentales ocasionados por la diabetes


·       
    La carencia de saliva en quienes usan prótesis dental favorece el desarrollo de caries e infecciones
        
         Una extracción puede afectar la salud de pacientes con glucosa descontrolada

La posibilidad de que personas que sufren diabetes acudan a consulta odontológica o estomatológica (especialidad médica en la salud de las piezas dentales y todos los tejidos en la cavidad bucal) es muy alta, indica el doctor Tenorio Torres, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), porque una de las principales complicaciones derivadas del padecimiento radica en los problemas bucodentales, en particular el de las encías, como la llamada periodontitis, caracterizada por el sangrado de las mismas.

La falta de control de glucosa en sangre también contribuye a la pérdida de agua del organismo y eso crea menos saliva, problema reconocido como hiposalivación, lo que provoca mal sabor y olor de boca, y dificultad para tragar, masticar o hablar.

La carencia de saliva en quienes usan prótesis dental favorece el desarrollo de caries e infecciones por microorganismos, las cuales se manifiestan en forma de manchas rojas en cualquier parte de la mucosa bucal, en ocasiones con úlceras que resultan muy dolorosas.

Otros padecimientos frecuentes por los que el paciente con diabetes acude al estomatólogo son ardor, infección en las glándulas salivales y alteraciones del gusto. Uno más es la candidiasis, que es causado por hongos y se caracteriza por bolitas blancas que se forman en la comisura de los labios.
Durante 2013, la clínica Estomatológica Tepepan, dependiente de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), brindó atención para mejorar la salud bucal a aproximadamente 800 pacientes, de los cuales 15 por ciento fueron diabéticos.
Muchos de los pacientes que acuden a esta clínica no saben de su propensión a desarrollar diabetes o ignoran que ya la tienen. Refiere que de manera individual, el número de atenciones odontológicas es mayor que las consultas al médico general, “pues lo común es que se acuda cuando se tiene algún dolor, lo cual es más frecuente por problemas en la cavidad bucal; y muchas veces es hasta ese momento que el paciente se da cuenta de su glucosa elevada”, puntualiza el especialista.

Agrega que por ello, el odontólogo debe estar capacitado para detectar a un potencial paciente con diabetes, para lo cual no sólo debe realizar una buena historia clínica para conocer, entre otros datos, si hay antecedentes familiares de la enfermedad; también es muy importante en la primer consulta reconocer los signos vitales y solicitar análisis de laboratorio.

“Sin embargo, por la revisión bucal podemos saber quién es propenso a la diabetes, lo cual puede ser determinante para brindar la mejor atención; si el médico no sabe que hay problema de glucosa descontrolada, puede afectar la salud del paciente por una simple extracción dental, pero sobre todo por procesos infecciosos”.

Para promover la salud bucal entre pacientes diabéticos se diseñó un manual de autocuidado, en el que se explican los padecimientos bucales frecuentes por esta causa y se señala, por ejemplo, que la enfermedad periodontal o de las encías es más frecuente en personas hiperglucémicas y depende de la duración y grado de control de la glucosa.

Hace hincapié que en pacientes con niveles de 110 miligramos de glucosa por decilitro de sangre (buen control) pero con mala higiene bucal se presentan malestares en las encías con inflamación, sangrado, pérdida de hueso y de dientes. Tales condiciones mejoran en un paciente diabético mal controlado pero con buen aseo bucal.

El doctor Tenorio Torres lamentó que muchos pacientes sean poco apegados a los cuidados para controlar la enfermedad y lleguen en un estado de descontrol y en ocasiones con severos procesos infecciosos y de dolor; “lo que hacemos es quitar la molestia de inmediato con medicamento y canalizarlo a una interconsulta con el médico, a fin de que haga conciencia de la necesidad de atenderse y de que si logra un control adecuado de azúcar, esos procesos de infección disminuyan”.

Así como se esta al pendiente de los niveles de glucosa, de los cuidados del pie diabético, de tener una alimentación adecuada, también es importante estar al pendiente de nuestra salud bucal y de esta manera evitar problemas más graves.

Referencia:
Instituto Carlos Slim de la Salud. (2014). Problemas dentales ocasionados por la diabetes. Recuperado de: http://www.salud.carlosslim.org/problemas-dentales-ocasionados-por-la-diabetes/


viernes, 20 de diciembre de 2013

Cuidar al empleado es saludable… y sale rentable

Si nos preguntamos por qué las empresas deben cuidar a sus trabajadores, la respuesta inmediata es muy simple: porque la salud, el bienestar y la felicidad de las personas son muy importantes, también en el ámbito laboral. Pero es que, además, resulta rentable. Un empleado sano y feliz rinde más, sufre menos bajas laborales y, en último término, es más productivo.
Gestionar la salud de los empleados es una gran oportunidad: permite diseñar estrategias para que un colectivo de tamaño significativo pueda desarrollar hábitos de vida saludables
Los trabajadores españoles se ausentan del trabajo una media de 11,4 días al año, según el II Informe sobre Absentismo Laboral recientemente publicado por Adecco. Esta cifra sitúa a España como uno de los países de su entorno con mayor nivel de bajas laborales.

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En el caso de las empresas españolas, cada vez son más las que apuestan por implementar medidas que fomentan el bienestar físico y psicológico de los empleados. 

Los programas más avanzados de recursos humanos incluyen, cada vez más, la adopción de hábitos saludables, como una dieta equilibrada, práctica de ejercicio físico o todo tipo de campañas de salud y prevención.

Sanitas es una empresa Española preocupada por cuidar a sus empleados, por lo que puso en marcha el programa Sanitas Smile basado en cuatro pilares:ejercicio físico, alimentación, hidratación y promoción de la salud. Actualmente participan más de 1.300 empleados de la compañía, someten a los participantes del programa que lo desean a estudios fisiológicos –avalados por la Universidad Europea de Madrid– que demuestran las mejoras físicas que se van produciendo con el paso de los meses. He aquí algunos botones de muestra: después de seis meses, dedican 3,7 horas más a la semana al ejercicio físico, consumen un 8% más de verduras, un 5% más de carnes bajas en grasa y han aumentado su consumo de agua.


En México, seria muy importante seguir el ejemplo de estas empresas y que los empleados exijan medidas que aseguren el cuidado adecuado de acuerdo a sus labores; de esta manera prevenir riesgos, que no solo cuiden a la empresa o sus beneficios, sino a las personas que sin su colaboración nada seria posible. ¿Como consideras que podría beneficiarte un programa de este tipo en tu trabajo? Nos gustaría conocer tus experiencias y opiniones.

Para conocer más detalles de este programa los invitamos a visitar el siguiente link: http://www.revista-uno.com/numero-14/cuidar-al-empleado-es-saludable-y-sale-rentable/

lunes, 9 de diciembre de 2013

Origen de los Cuidados Paliativos

DRA. DAME CICELY SAUNDERS  PIONERA DE LOS CUIDADOS PALIATIVOS

Dame Cicely Saunders (1918-2005), fundó el hospicio moderno e inició un movimiento mundial para proveer de un cuidado compasivo al moribundo. Enfermera, trabajadora social y doctora, estableció nuevos métodos para el control del dolor y un acercamiento multifacético y holístico del cuidado. Esto condujo al desarrollo de una nueva especialidad médica, un cuidado paliativo y el hospicio contemporáneo.

“Tenemos que preocuparnos tanto por la calidad de vida como también por su duración”, declaró Dame Cicely. Esta mujer pionera abrió el primer hospicio moderno en un suburbio residencial de Londres, en 1967. Actualmente, el Hospicio de St. Christopher, da la bienvenida a cerca de 4,000 visitantes anualmente y más de 50,000 profesionales del cuidado de la salud de todo el mundo lo visitan y se entrenan allí.

AL INICIO
“Mi historia en este campo viene desde 1948, cuando yo era una trabajadora social... conociendo a un joven polaco judío quien tenía un cáncer inoperable”, comenta Saunders. “Me sentí muy unida a él”. David Tasma había escapado del gueto de Warsaw y estaba muriendo en el hospital de Londres.
El dolor de Tasma, la soledad y la angustia tuvo un efecto profundo en Saunders. Ella visitó a Tasma frecuentemente en los últimos dos meses de su vida. Mientras que Saunders y Tasma conversaban acerca de la cercanía de su muerte, Saunders tuvo una revelación: “Me di cuenta que necesitábamos, no solamente de un mejor control del dolor sino también de un mejor cuidado de salud en general. La gente necesitaba del espacio para ser ellos mismos, yo acuñé el término ‘dolor total’, de mi entendimiento de que la gente moribunda tenía un dolor físico, espiritual, psicológico y social que debía ser tratado. He estado trabajando en eso desde entonces”.
A la muerte Tasma, Saunders descubrió su misión: cesar toda clase de dolor al final de la vida. En una entrevista del 2002 para The Daily Telegraph de Londres, ella dijo: “No me he propuesto cambiar el mundo; me propuse hacer algo sobre el dolor”.


HOSPICIO DE ST. CHRISTOPHER.
Cuando obtuvo su título de doctora, en 1957, se convirtió en la primera doctora moderna en dedicar su carrera a los pacientes moribundos. Le tomaría otros 10 años en abrir el Hospicio de St. Christopher, el primer hospicio moderno del mundo.
En 1967, el Hospicio de St. Christopher, en Londres, abrió y prendió la chispa del movimiento del hospicio moderno. Combinándo el cuidado clínico con la enseñanza y la investigación aquí había un verdadero hogar, los pacientes podían ser tratados médicamente, así como realizar jardinería, escribir, arreglarse el cabello y tomar clases de arte.

EL AVANCE DEL MOVIMIENTO DEL HOSPICIO
En una ocasión con Elisabeth Kubler Ross, Saunders inspiró a Florence Wald en Connecticut, a quien se le acredita la fundación del movimiento del hospicio en los Estados Unidos, en 1971.
En los tiempos en los que muchos apoyaban la eutanasia, Dame Cicely Saunders tenía un punto de vista diferente. Su visión: “condujo a un modelo que ha cambiado la cara de la muerte alrededor del mundo”, de acuerdo con los pioneros del hospicio. Existen actualmente, 8,000 hospicios en 100 países alrededor del mundo.

SU LEGADO
Dame Cicely murió de forma decorosa en el Hospicio de St.Christopher, en el año 2005, a la edad de 87 años. Transformó el cómo cuidamos a aquellos con enfermedades terminales, así como el deprimente camino que contemplamos al morir.

Yendo más allá del dolor físico, una de las últimas contribuciones al cuidado de la salud, fue el concepto del “dolor total”. Esto incluye elementos físicos, emocionales, sociales y espirituales. Ella se centraba en el cuidado de la persona, en su totalidad, involucrando a los amigos y familiares en el cuidado. Esto llevó al desarrollo de una nueva especialidad, el CUIDADO PALIATIVO, y la filosofía moderna del hospicio.

Como ella le dijo a los pacientes: “Tú importas porque eres tú y tú importas hasta el último momento de tu vida”.

Es una gran aportación la que nos ha dejado la Dra. Saunders, ahora es momento de conocer y difundir la existencia de dicha rama de la medicina; Recordemos que es nuestro derecho estar informados y de esta manera poder decidir lo que sea mejor para cada uno de nosotros en momentos de enfermedad. 

REFERENCIA

Field, B. (2006). HÉROE DE LA CIENCIA: Dame Cicely Saunders. Obtenido de http://miheroe.org/hero.asp?hero=Dame_Cicely
“Deberíamos aspirar a que nadie muera con dolor, ni solo, ni con miedo”, Enric Benito.     (29 de abril 2013)

El doctor Enric Benito intervino en el Postgrado el pasado 27 de abril. Les dejamos su interesante reflexión sobre “La espiritualidad en Cuidados Paliativos”

Los cuidados paliativos se definen por la OMS  como: “El enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades amenazantes para la vida, a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la identificación temprana e impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas, físicos, psicológicos y espirituales”.El modelo biomédico que predomina en la atención sanitaria en general, e impregna también los cuidados paliativos, se ha centrado fundamentalmente en los aspectos orgánicos de la enfermedad y solo recientemente está apareciendo un interés creciente por explorar y atender las dimensiones subjetivas del proceso de enfermar y de morir.

Los que trabajamos en el entorno de los cuidados paliativos sabemos que el proceso que atendemos tiene una parte abordable desde el modelo biomédico aprendido en la facultad de medicina o en la escuela de enfermería  – todo lo relacionado con el control de síntomas y los aspectos somáticos de la enfermedad- el problema surge debido a que una parte del proceso y de la experiencia del paciente no responde a este enfoque, ahí es donde se da el sufrimiento y de donde surge la necesidad en entender y atender la dimensión más profunda de cada enfermo, su dimensión espiritual.

Hace años Cicely Saunders acuñó el concepto de “dolor total” para hablar del sufrimiento que afecta además de la dimensión orgánica o física del paciente a su dimensión social, psíquica y espiritual.

El “dolor total” o sufrimiento, tiene aspectos que no pueden ser tratados y aliviados con los fármacos habituales. El dolor y el sufrimiento nos demandan aproximaciones e intervenciones completamente diferentes. El cambio más importante es descubrir que ante el sufrimiento no hay que actuar, no es algo que podamos resolver con un tratamiento, no responde a la categoría de los problemas.

Otro aspecto del modelo que la mayoría compartimos y que marca mucho al colectivo profesional bloqueando en parte nuestra posibilidad de ayuda, es la visión que tenemos del enfermo como persona que en estos momentos nos aparece con su fragilidad, su dependencia, sus limitaciones y nos hace ver únicamente al paciente como alguien pasivo receptor de cuidados, a veces aun desde un cierto paternalismo, fácilmente nos olvidamos que estamos ante una persona que además de sus limitaciones y necesidades dispone de sus recursos y potencialidades. Así la mayoría de tratados hablan de necesidades (físicas, sociales, psicológicas, espirituales ) de los enfermos, desde un modelo y una visión un tanto paternalista o de poder, en la que se asume que el que está sano debe cuidar al necesitado, esta visión además de irreal es incompleta y poco terapéutica, en la medida que no valora la potencialidad los recursos y la capacidad del propio paciente de trascender su estado y hacer un proceso, que hace desde su interior y conocemos como sanación.

En nuestro entorno debemos planteamos tratar a una persona en todas sus dimensiones desde una perspectiva integral, a una persona que reconocemos que se enfrenta en un proceso que se caracteriza por la fragilidad, dependencia e incertidumbre. Cuando dejamos de preocuparnos por su enfermedad y su curación, y cambiamos nuestros objetivos terapéuticos, empezaremos por hacer un buen control de síntomas, aunque  esto no es más que el principio de nuestro trabajo y el equipo que solo aspire a un buen control de síntomas, esta solo arañando la superficie del problema. A lo que debemos aspirar,  no es solamente al control de síntomas ni siquiera al confort del paciente, que es un objetivo loable pero limitado, sino a facilitar las condiciones para que el máximo de personas puedan cerrar bien el proceso de haber vivido y que lo hagan  con confort, serenidad, y confianza, es decir deberíamos aspirar a que nadie muera con dolor, ni solo ni con miedo. Que este momento sea aprovechado para trabajar los aspectos que permitan la sanación de la persona. No debemos aspirar a menos.

Dr. Enric Benito, coordinador de la Estrategia Balear de Cuidados Paliativos y coordinador del Grupo de Espiritualidad de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL).

Ustedes ¿Qué opinan?


REFERENCIA

Benito, E. (2013). Enric Benito: "Deberíamos aspirar a que nadie muera con dolor, ni solo, ni con miedo". Obtenido de Especialista en Cuidados Paliativos.: http://www.posgradopaliativos.com/enric-benito-deberiamos-aspirar-a-que-nadie-muera-con-dolor-ni-solo-ni-con-miedo/